Alfabetización Mediática Artículo

Educar para el pensamiento crítico en las redes

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¿Cuántas horas pasa la juventud con una pantalla? ¿Qué hacen? Si formulamos estas dos preguntas a alguna persona con hijos adolescentes, seguro que nos podrá responder con garantías la primera. Dirá que mucho tiempo y quizás nos aporte una cifra concreta de horas. Pero, ¿y la segunda? Esta ya es más complicada.

¿Sabemos qué hacen nuestros adolescentes con el móvil o la tablet? ¿Qué influencers siguen? ¿Qué mensajes les llegan a sus redes sociales? La educación mediática o media literacy consiste en acompañarlos y educarlos para que tengan pensamiento crítico en el uso de todo tipo de medios, además de un comportamiento ético y responsable en estas plataformas. Y esto quiere decir no dejarlos solos y dar ejemplo.

 

Una de las cuestiones claves hoy de la educación mediática es, sin duda, la educación del pensamiento crítico en el consumo y producción de información. Desde una visión adultocéntrica, cometemos el error de pensar que los jóvenes no se informan porque no leen prensa escrita o no consumen noticias a través de los medios llamados «tradicionales». Pero si los interrogamos sobre cuestiones claves de la actualidad, la mayoría de adolescentes nos saben responder. Están informados, pero acceden a la información de forma diferente.

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El Digital News Report de 2021, un estudio de referencia, concluye que 6 de cada 10 jóvenes se informan en las redes sociales y 4 de cada 10 lo hacen a través de la televisión. Es también la fotografía que nos encontramos en nuestros talleres sobre desinformación y verificación digital; unos talleres de Learn to Check  que, en los últimos cuatro años, han formado más de 3000 personas, la mayoría jóvenes. Y ¿por qué se informan por redes sociales? Quizás es una evolución natural; pero también hay que considerar otros factores como por ejemplo el modelo de información de las familias o la desconfianza que tienen los adolescentes hacia los medios de comunicación. El 47% de los jóvenes de entre 18 y 24 años cree que hay una cobertura periodística injusta de su generación, según el Digital News Report de 2021.

Los jóvenes se informan a través de las redes. Y esto no es un lastre; es una realidad que tenemos que acompañar. Con las formaciones de Learn to Check, procuramos formarlos para que sean conscientes que en las redes sociales, junto con información contrastada, contextualizada y de calidad, también hay información falsa, no valiosa o maliciosa. Tenemos que aprender a gestionar este volumen de información y verificarla, si es necesario. Y tenemos que aprender también a identificar sesgos de género, demográficos, de raza y otros. Porque la tecnología no es en absoluto neutral.

Tenemos que enseñar a nuestra juventud que informarse es importante, porque impacta en sus vidas. Y que la desinformación nos perjudica a todos. Los docentes, los educadores, las familias, los periodistas y todos los profesionales y personas implicadas tenemos que formarnos nosotros y formarlos a ellos para que aprendan a evaluar las fuentes, a filtrar la información, a identificar evidencias, a identificar la propaganda y el discurso de odio, a leer y mirar con atención y espíritu crítico y a conocer las herramientas y los recursos que les pueden ser útiles. Hoy educar en el pensamiento crítico es más esencial que nunca.

 

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Con quien aprendemos en el mundo digital

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  1. Nuevas oportunidades para aprender y nuevas fracturas digitales

Vivimos en el momento de la historia que es más fácil aprender casi cualquier cosa: hacer una receta de cocina, tocar un instrumento musical, hablar un idioma… En buena parte es gracias a la tecnología que nos ayuda a acceder a informaciones diversas (en múltiples lenguas, lenguajes y plataformas), construir conocimiento y compartirlo con el resto del mundo. Y no aprendemos solos. Las tecnologías sociales están cada vez más presentes en nuestra sociedad. Nos ofrecen nuevas posibilidades en cuanto a la manera de vivir el aprendizaje, la comunicación y la cultura.

Cada avance tecnológico que tenemos a nuestro alcance nos ofrece nuevas oportunidades a la vez que genera una nueva cultura a su alrededor. Las aplicaciones, los programas informáticos y su creciente accesibilidad hacen posible lo que hace un tiempo era el sueño de muchos educadores: facilitar la personalización de los aprendizajes y desarrollarlos a la vez de forma social y en red. También los colectivos con dificultades físicas o intelectuales tienen ahora más oportunidades para conectarse y aprender juntos.

La educación digital implica desarrollar las competencias para poder escoger desde el conocimiento, cómo queremos vivir la cultura y ejercer la ciudadanía digital. Sin embargo, existentres brechas que contrarrestar, sobre todo en los grupos sociales más vulnerables: la de acceso (tener al alcance algún dispositivo: móvil, tableta, ordenador…), la de competencias para el uso(saber utilizar aplicaciones y gestionar contenidos) y la de propósito de uso (con finalidad, soberanía y ética) del mundo digital. Normalmente nos fijamos más en la primera porque es la más visible, pero abordarla por sí sola no garantiza nuestro derecho a una buena educación digital.

 

  1. Aprendemos con la educación digital

La educación digital, también en formato híbrido presencial-virtual, se lleva a cabo en buena parte en las escuelas y en los institutos para ayudar al alumnado a desarrollarse en la sociedad actual. Esta sociedad no es en la que crecimos los adultos. Hoy en día tenemos un nuevo ecosistema comunicativo, relacional y cognitivo. Pero no se trata de escoger entre los libros y las pantallas, ahora podemos educar para sacar lo mejor de los libros, de las pantallas y de la nueva cultura resultante de su interacción. El docente tiene que conocer y estar familiarizado con estos medios y la mejor forma para hacerlo es utilizándolos para compartir experiencias, recursos y proyectos para aprender.

Ante la posibilidad de acceder a la información casi en todo momento desde cualquier lugar, tenemos que desarrollar nuestra capacidad crítica para convertirnos en ciudadanos activos y responsables, no solo en consumidores de la información y otros productos. Es necesario trabajar el trato de la información y la competencia comunicativa para entender y hacer explícitos los intereses ideológicos, políticos y económicos que están implícitos en los mensajes que emitimos y recibimos. Al mismo tiempo, tenemos que conocer cómo gestionar la privacidad (saber qué compartimos); la seguridad (para evitar y afrontar situaciones de riesgo); y ser críticos con la información, conociendo sus valores culturales y consumistas.

El alumnado tiene que ser capaz de aprender a pensar en el contexto actual y actuar en consecuencia. El medio digital es muy rico, pero es necesaria la educación  para encarar elementos tan diversos como las fake news, el ciberacoso, la identidad digital, los discursos de odio, las emociones en las redes sociales, la sostenibilidad, la soberanía de los datos, los sesgos de los algoritmos… Y sabemos que este entorno será cada vez más complejo con el desarrollo de la computación cuántica, el blockchain, la inteligencia artificial, la robótica, la biotecnología, los metaversos o determinados mecanismos de control social en plataformas inmersas en la economía de la atención y de vigilancia.

Muchos jóvenes han sido protagonistas de la educación digital enseñando a sus familiares cómo usar herramientas comunicativas como las videollamadas Durante la pandemia de la covid hemos podido ver cómo las herramientas digitales han servido para mantener vínculos y acompañar emocionalmente ante situaciones de incertidumbre, ansiedad y dolor. Muchos menores han visto a sus madres y padres trabajar y los progenitores han visto a sus hijos e hijas aprender de una manera diferente: mediante aprendizaje activo, nuevas interfaces, portafolios digitales, metodologías colaborativas, entornos virtuales… La educación remota de emergencia no se ha dado en un escenario ni mucho menos ideal, pero parece claro que, a partir de ahora, tendremos que convivir con un sistema híbrido.

  1. Aprendemos en el entorno familiar

Consumir contenidos no es sinónimo de conocer y aprovechar de manera competente las herramientas que tenemos a nuestra disposición. De hecho, tenemos que ayudar a las familias a educarse intergeneracionalmente, unos a otros, con naturalidad y conocimiento. Los usos, los hábitos y los valores dentro delentorno familiar, que normalmente es el lugar donde pasamos más horas, son clave. Cada vez es más necesaria una visión global centrada en el proceso de educación y acompañamiento, y no tanto focalizada en un dispositivo o una edad concreta. También hay que tener presente la dificultad de conciliar horarios, ya que es imposible anticipar todo y  hay que aprender a  hacer frente a los imprevistos que nos encontraremos en el día a día. Es clave educar en temas vinculados a la conectividad  y aprender a desconectarnos cuando conviene en una sociedad cada vez más digitalizada.

Ante este escenario donde todo está conectado, el principal reto que tenemos encima de la mesa es la alfabetización digital crítica de las familias. Este no es fácil de abordar ya que el entorno digital cambia constantemente y porque, a pesar de que hay buenas iniciativas, no hay consenso de quién las tiene que liderar o quién las tiene que llevar a cabo. La alfabetización digital de las familias es muy importante al menos por tres motivos: para empoderar a las familias ante los nuevos medios digitales, para que ayuden a los jóvenes a construir criterios desde el conocimiento y para  demandar a empresas e instituciones que favorezcan los  usos éticos, informados y transparentes.

Las familias son diversas. Algunas entienden su responsabilidad  y se preocupan por informarse sobre estas cuestiones. Hacen un seguimiento periódico de los contenidos consultados o las actividades realizadas en internet. Buscan espacios, actividades y tiempos alternativos libres de tecnología, respetando las comidas y las horas de sueño. Otras se van a otro extremo,  gestionando los deberes escolares de los hijos sin darse cuenta que los pueden estar sobreprotegiendo. Algunas familias piden fórmulas milagrosas para que esta gestión no les lleve mucho trabajo. Algunos progenitores optan por la prohibición por miedo a los peligros. Otros, por inhibición, prefieren no mirar. Es aún más complicado generar espacios de desconexión y conexión focalizada consciente, cuando hay familias desestructuradas y los criterios de uso de las tecnologías no están consensuados.

Ni prohibir, ni permitirlo todo, la opción correcta, como siempre, es educar. ¿Cómo lo podemos hacer? Compartiendo experiencias entre mayores y menores para desarrollar criterio. Acompañarlos para evitar que sean huérfanos digitales que si bien saben utilizar las herramientas no comprenden las implicaciones que comportan. Construir una dieta digital saludable con normas pensadas , para poder ser pactadas y revisadas regularmente. Trabajar desde pequeños la autonomía y la responsabilidad con el acceso a internet, las redes sociales, las tabletas táctiles o los móviles. Si hace falta, con la ayuda de  herramientas que nos puedan ayudar como filtros y control parental, aunque el mejor seguimiento siempre será el que puedan ejercer las personas.

  1. Aprendemos en el entorno familiar

Consumir contenidos no es sinónimo de conocer y aprovechar de manera competente las herramientas que tenemos a nuestra disposición. De hecho, tenemos que ayudar a las familias a educarse intergeneracionalmente, unos a otros, con naturalidad y conocimiento. Los usos, los hábitos y los valores dentro delentorno familiar, que normalmente es el lugar donde pasamos más horas, son clave. Cada vez es más necesaria una visión global centrada en el proceso de educación y acompañamiento, y no tanto focalizada en un dispositivo o una edad concreta. También hay que tener presente la dificultad de conciliar horarios, ya que es imposible anticipar todo y  hay que aprender a  hacer frente a los imprevistos que nos encontraremos en el día a día. Es clave educar en temas vinculados a la conectividad  y aprender a desconectarnos cuando conviene en una sociedad cada vez más digitalizada.

Ante este escenario donde todo está conectado, el principal reto que tenemos encima de la mesa es la alfabetización digital crítica de las familias. Este no es fácil de abordar ya que el entorno digital cambia constantemente y porque, a pesar de que hay buenas iniciativas, no hay consenso de quién las tiene que liderar o quién las tiene que llevar a cabo. La alfabetización digital de las familias es muy importante al menos por tres motivos: para empoderar a las familias ante los nuevos medios digitales, para que ayuden a los jóvenes a construir criterios desde el conocimiento y para  demandar a empresas e instituciones que favorezcan los  usos éticos, informados y transparentes.

Las familias son diversas. Algunas entienden su responsabilidad  y se preocupan por informarse sobre estas cuestiones. Hacen un seguimiento periódico de los contenidos consultados o las actividades realizadas en internet. Buscan espacios, actividades y tiempos alternativos libres de tecnología, respetando las comidas y las horas de sueño. Otras se van a otro extremo,  gestionando los deberes escolares de los hijos sin darse cuenta que los pueden estar sobreprotegiendo. Algunas familias piden fórmulas milagrosas para que esta gestión no les lleve mucho trabajo. Algunos progenitores optan por la prohibición por miedo a los peligros. Otros, por inhibición, prefieren no mirar. Es aún más complicado generar espacios de desconexión y conexión focalizada consciente, cuando hay familias desestructuradas y los criterios de uso de las tecnologías no están consensuados.

Ni prohibir, ni permitirlo todo, la opción correcta, como siempre, es educar. ¿Cómo lo podemos hacer? Compartiendo experiencias entre mayores y menores para desarrollar criterio. Acompañarlos para evitar que sean huérfanos digitales que si bien saben utilizar las herramientas no comprenden las implicaciones que comportan. Construir una dieta digital saludable con normas pensadas , para poder ser pactadas y revisadas regularmente. Trabajar desde pequeños la autonomía y la responsabilidad con el acceso a internet, las redes sociales, las tabletas táctiles o los móviles. Si hace falta, con la ayuda de  herramientas que nos puedan ayudar como filtros y control parental, aunque el mejor seguimiento siempre será el que puedan ejercer las personas.

  1. Aprendemos con nuestros iguales

La humanidad está más conectada que nunca. Digitalizamos muchas de nuestras actividades cotidianas como comunicarnos, leer, escribir, viajar, jugar, aprender… En concreto, muchos jóvenes usan el entorno digital para buscar novedades, desarrollar su creatividad, vivir emocionalmente, implicarse socialmente, experimentar y construir su identidad… Así pues, es normal, y más en tiempo de pandemia, que quieran usar internet para socializar con personas de su edad.

Pueden aprovechar que la sociedad está cada vez más articulada en red para aprender los unos de los otros. Pueden conocer personas que los ayudarán a integrar nuevas oportunidades formativas, al igual que los adultos que articulan redes de intereses donde colaboran para construir conocimiento. Tienen que conocer no solo como estar presentes en estos espacios virtuales sino como configurarlos para generar escenarios de aprendizaje significativo.

¿Cómo saber dónde están y qué están haciendo? Más que controlar (cosa que sería imposible) la mejor manera es hablar, ser cercanos y aplicar los elementos que sean posibles de la siguiente fórmula (ver cuadro). Si trabajamos con  estos elementos, que de hecho, son bien poco tecnológicos, es más probable que tengamos éxito. Pero es cierto que no hay ninguna garantía, porque para educar no existen fórmulas mágicas.

  1. Aprendemos junto a toda la sociedad

Cuando surgen dificultades con los jóvenes, es fácil buscar las causas en factores externos: internet, el móvil o las redes sociales… pero a veces los malos usos de estas herramientas, son síntomas de que algo más allá no va bien. A menudo hay correlaciones, como que los que están más solos las usan más, cuando el aumento de uso es justamente por la soledad que están experimentando .. Pero también tenemos que saber que las tecnologías no son neutras como se suele decir,  sino que su propio diseño está hecho para influenciar en procesos, la manera de pensarlos y cómo nos sentimos. Por eso, debemos educarnos en ese entorno e involucrar activamente a todos los agentes sociales implicados.

Los educadores siempre decimos que “educa la tribu” cuando queremos poner en valor la importancia que tenemos todas las personas, y enfatizar que educamos todos los actores de la sociedad, no solo los agentes específicamente educativos. Esto incluye los medios de comunicación, las empresas privadas y las instituciones públicas. Todo el mundo tiene responsabilidad a la hora de tejer un nuevo consenso social que repiense cómo queremos que sea nuestra relación con las tecnologías y así definir cómo queremos que sea en nuestro universo digital.

Para recorrer este camino, con la socióloga Liliana Arroyo hemos desarrollado el Manifiesto por una nueva cultura digital https://manifestoculturadigital.wordpress.com/ . Queremos que sea de ayuda para tomar conciencia de cómo los continuos adelantos tecnológicos nos afectan en ámbitos tan dispares como la política, la salud o la economía. Estos cambios suponen una gran oportunidad para diseñar una nueva cultura digital que permita desarrollar una sociedad mejor. Para ello, necesitamos reflexionar, compartir y conectar personas y entidades que nos permitan actuar desde un posicionamiento ético, pensante e informado.

Autor

Jordi Jubany i Vila

Docente y Antropólogo. Formador y asesor en competencia, cultura y ciudadanía digital. Autor de “Hiperconectados? Educarnos en un mundo digital” (Lectio, 2018) y “Aprendizaje Social y Personalizado” (Universitat Oberta de Catalunya, 2012). Colabora con instituciones, universidades y medios de comunicación de distintos países. Coautor del Manifiesto por una Nueva Cultura Digital.
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EDhack, el Design Thinking en un entorno educativo vibrante y memorable

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El origen del término Hackatón proviene de las comunidades de hackers y programadoras, refiriéndose a los encuentros que se organizan para desarrollar aplicaciones y nuevas soluciones a problemas o retos. El término integra dos conceptos: en primer lugar “maratón”, no vas a ganar, vas a disfrutar, mejorar, superar un reto. En segundo lugar “hacker”, es decir, persona que desafía el status quo, inconformista, creadora, resolutiva, comprometida y aprendiz permanente. Si tenemos presentes estos dos elementos, la adaptación de una hackatón al sector educativo nos permite maximizar la experiencia y los resultados, creando un entorno de emoción y vibración idóneo para el aprendizaje. Si utilizamos el Design thinking en este entorno motivador, incorporamos una metodología idónea para conseguir que el alumnado genere nuevas ideas a través de un proceso creativo, a la vez que le permite superar el miedo a cometer errores y apreciar todas las contribuciones, las propias y las de su grupo de trabajo, en la creación de soluciones y prototipos.

Nuestra propuesta es el proyecto EDhack, impulsado por la Fundació Bofill, que incorpora una metodología y valores inspirados en la cultura hacker y el Design Thinking, conectando así con las renovaciones educativas que estamos viviendo. Esto es, aprender haciendo, aprovechar las pasiones y curiosidad, enfoque comunitario o la aceptación del error como fuente de aprendizajes significativos. Los ingredientes fundamentales que forman parte del Edhack son tiempo limitado en fases de creación, decisiones rápidas que buscan la eficiencia, riesgo sin miedo al error, aprendizaje constante para poder seguir mejorando las soluciones y libertad creativa. Los participantes (EDhackers), lo deciden todo, en un entorno de horizontalidad de igual a igual, de modo que no existe ninguna barrera puesto que lo que se valora es la pasión y compromiso para trabajar por equipos y en abierto. Experimentan, ya que el prototipado de soluciones permite pensar con las manos. Todo ello en un ambiente donde se fomenta la pasión y el trabajo en equipo para sumar, colaborando, aprendiendo y construyendo a partir de empatizar con el beneficiario del reto. 

¡Y podemos afirmar que funciona! 

Se han celebrado ediciones  en el barrio del Raval de Barcelona, en Girona, en Tàrrega y en Reus, dónde usuarios muy jóvenes han trabajado incansablemente durante dos días con niveles de energía y emoción espectaculares y resultados muy satisfactorios. El Edhack también ha inspirado algunos proyectos   en centros educativos pensados y articulados en entornos hackers donde el Design Thinking invita al alumnado a prototipar ideas que dan respuesta a retos reales de su entorno. Algunos ejemplos de estos proyectos son Jo puc canviar-ho, en Mataró, con la fundación GEM y la Fundació Iluro, en que alumnos de 4º ESO pasan de la queja a la propuesta construyendo proyectos de mejora de la ciudad. El IES Monturiol, de Figueres, ha desarrollado las propuestas educativas Icària, a través del Museu de l’Empordà, y el IES de alta complejidad Cendrassos ha construido el proyecto Pligoniga, una propuesta que involucra a todas la líneas de 1º de ESO a dar soluciones a retos vinculados con los  Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). ¿Arrancamos? El Edhack, con su propuesta inspirada en el Design Thinking ofrece a los educadores una metodología que acelera los aprendizajes competenciales y ayuda a tangibilizar la innovación real en el aula.

Autor

Pep Marés

Licenciado en Historia por la Universidad de Girona y Máster en gestión y comunicación Cultural por la Universidad de Barcelona, Pep tiene más de 15 años de experiencia en la gestión cultural. Su trayectoria profesional transcurre entre la empresa privada y la gestión cultural, participando en proyectos de retorno social corporativo, patrocinio y desarrollo de proyectos de estrategia de innovación y posicionamiento de entidades culturales.
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Alfabetización Mediática Artículo

Instituto Josep Puig i Cadafalch: «Nuestros alumnos no eran conscientes de los peligros que esconde la desinformación»

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En el instituto Josep Puig i Cadafalch tenemos muy claro que somos una comunidad que educa. El aprendizaje de nuestros alumnos es muy importante para nosotros pero creemos firmemente que tiene que ir acompañado de buenos modelos de comportamiento, mucha autonomía y sentido de la responsabilidad. En esta línea, uno de los objetivos principales de nuestro instituto es favorecer que el alumnado sea más competente en tecnología digital, y que aprendan a relacionarse de manera saludable con los dispositivos y todas las aplicaciones que los rodean.

Este es un aprendizaje totalmente transversal que, junto con nuestros socios internacionales de la plataforma Erasmus +, hemos querido reforzar mediante un proyecto a largo plazo llamado “Digital Media Awareness”. Este proyecto, cuya lengua vehicular es el inglés da a los alumnos un espacio donde aprender e investigar sobre temas de actualidad relacionados con las TIC. Este espacio les permite compartir con sus compañeros internacionales inquietudes y problemas propios de su edad y abordar temas tan importantes como la desinformación, la huella digital, la identidad digital y el discurso del odio y ciberbullying. En este contexto, se ha desarrollado el proyecto de Fake News con alumnos de 4.º de ESO (secundaria), que han elaborado e implementado talleres y dinámicas para desarrollar durante la visita de sus compañeros internacionales, así como para trabajar en las aulas con los alumnos más pequeños del centro.

Al iniciar el taller de Fake News se hizo una encuesta a todo el alumnado de la escuela y de todas las escuelas internacionales participantes, y se constató que tenían poco conocimiento y consciencia sobre los peligros que esconde la desinformación, la falta de análisis y revisión de la información a la que tenemos acceso y de qué podemos hacer para detectar a tiempo los contenidos falsos.

Una vez acabado el proyecto, la misma encuesta constató que los alumnos de 4.ºde ESO eran mucho más conscientes del problema y de cómo tenían que actuar. Fue muy gratificante ver cómo el trabajo que habían hecho había incidido en su comportamiento y uso de fuentes de información. El resto de alumnos encuestados mostró un cambio sustancial respecto a su conocimiento sobre este fenómeno y sobre cómo se percibían a sí mismos como agentes involucrados en la lucha contra la desinformación.

Somos muy conscientes que hay que seguir trabajando y elaborando materiales que puedan utilizarse en las aulas. Por ello, la amplia posibilidad de uso de estos talleres tendrá continuidad en nuestro centro: se utilizarán para seguir formando las nuevas generaciones que llegan a 1.ºde ESO, y se mantendrán disponibles como banco de recursos para que otros profesores internacionales de la plataforma Erasmus+  puedan usarlos en sus clases.

El resultado de este proyecto ha sido exitoso y estamos muy satisfechos. Hemos conseguido generar conciencia en nuestro alumnado, y obtenido recursos para formar y educar mejor a más alumnos.

Autora

Lorena Anido

Licenciada en Filología Inglesa por la Universidad de Barcelona y con estudios de posgrado en Técnicas y gestión Empresarial y un Máster en Administración y Gestión de Negocios (Executive MBA) también por la Universidad de Barcelona. Actualmente coordinadora de proyectos internacionales y profesora de inglés en el Institut Josep Puig i Cadafalch.
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El tiempo frente a las pantallas en la era del coronavirus

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Michael Robb, director de Investigación de Common Sense Media explica las razones científicas que hay detrás de las nuevas reglas de uso de pantallas. 

Familias y cuidadores deben repensar la exposición que niños y niñas tienen a las pantallas, sobre todo a partir de la pandemia. 

Calidad, más allá de la cantidad. 

Esa es la cuestión.

¿Qué podemos hacer desde la escuela?

Conversar con los chicos y las chicas sobre sus prácticas digitales, ayudarles a desnaturalizarlas y problematizarlas.

En este artículo de Common Sense Media, una organización sin fines de lucro, encontrarás pautas para abordar este debate.

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El aprendizaje en tiempo de coronavirus: reflexiones de Manel Trenchs

Distance learning
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La irrupción del virus COVID-19 hace ya más de dos años ha generado un estrés muy intenso en torno al aprendizaje en casa y en línea. De repente, profesores y profesoras de todas partes nos vimos inmersos en un escenario desconocido: ¿cómo continuar con nuestra práctica docente sin poder ir a la escuela? Yo, como docente, puedo deciros que estuve y estoy tranquilo. Y algunos pensarán, ¿cómo es posible?

Pues bien, estoy tranquilo porque la tecnología nos ha permitido continuar con nuestra docencia ininterrumpidamente. Mis alumnos tenían y tienen todo el material y actividades en la nube y, por tanto, pueden acceder a ellos desde cualquier lugar y en cualquier momento. Además, yo también puedo acceder y contactar con ellos de una forma muy fácil y llevar toda la gestión de las actividades.

¿Qué debíamos hablar? Tampoco había ningún problema. Lo hicimos vía Google Hangouts, la herramienta que ya habíamos utilizado durante el curso para hablar con gente de Japón, Perú o, incluso, alguna vez con algún alumno enfermo que no podía venir a la escuela.

También me tranquiliza el hecho de que todas estas herramientas que nos pueden ser útiles para poder realizar tareas online y trabajar desde la nube ya las conocen y, por tanto, los alumnos tienen una competencia digital básica para poder gestionar todo ello. Mis alumnos y yo, en ese momento de crisis y ahora, no necesitamos correr a buscar recursos: ya los teníamos.

Las competencias digitales son hábitos. Y como todos los hábitos, requieren su tiempo. Es importante y mucho más eficaz aplicar el “despacito”, y crear unos buenos hábitos desde principio de curso, que pretender que, de repente, todos seamos unos expertos porque nos lo pide la urgencia del momento.

Manel Trenchs,

Professor d’Història de l’Art, Escola Pia de Mataró (Barcelona)

 

Son muchos los recursos que utilizamos y que todavía utilizamos para gestionar las actividades de clase.

¿Que debo hacer una lista para preparar trabajos para la clase? La comparto vía Google Classroom, facilito el permiso de edición a los alumnos y ellos se apuntan. ¿Que es necesario compartir un documento y trabajar en grupo? Los propios alumnos hacen un doc con permiso de edición entre ellos.

¿Que hay que ver un vídeo y responder a unas preguntas? Empleamos EDpuzzle, que nos sirve para gestionar las respuestas, sistematizar las entregas e incorporar toda la información importante para el profesor.

¿Que debemos hacer actividades de repaso de contenidos? Pues utilizamos Socrative, Kahoot Challenge…

¿Que es necesario compartir un documento en la nube o cualquier otra cosa? Pues vía Drive, por ejemplo.

En resumen, no hicimos nada que no hubiéramos hecho durante el curso. La única diferencia es que yo no estaba presencialmente en clase. Esto, sin embargo, también se nota. Quiero decir que no es la situación ideal, claro, que no hay nada como el contacto cara a cara con los alumnos. Pero tampoco es necesario vernos todos los días. Hay algunas clases que, a toda costa, los mismos alumnos quieren hacer por Hangout cuanto antes para poder vernos, aunque sea por la pantalla del ordenador o del móvil.

Como profesor, pues, estaba y estoy tranquilo. Durante la pandemia, muchos colegas me escribieron contándome que, en medio de esta crisis, se sentían desbordados, con gran sensación de pérdida de control. Los he ayudado y sigo haciéndolo tanto como puedo. Pero me sabe mal decirles que si no han incorporado las herramientas digitales con tiempo, y como un hábito, difícilmente podrán implementarlas ahora, de repente.

En definitiva, las competencias digitales son hábitos. Y como todos los hábitos, requieren su tiempo. Es importante y mucho más eficaz aplicar el “despacito”, y crear unos buenos hábitos desde principio de curso, que pretender que, de repente, todos seamos unos expertos porque nos lo pide la urgencia del momento.

Autor

Manel Trenchs

Profesor de Historia del Arte en la Escola Pia de Mataró. Google Innovator y Trainer y miembro del GE3 (Google Earth Education Experts), Google Local Guide Level 9. Adobe Creative Educator Level 1&2. Interesado en repensar el aprendizaje, el uso de las TIC y todos aquellos aspectos educativos que sirven para ayudar a mejorar la educación de los alumnos del siglo XXI.
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