Son muchos los recursos que utilizamos y que todavía utilizamos para gestionar las actividades de clase.
¿Que debo hacer una lista para preparar trabajos para la clase? La comparto vía Google Classroom, facilito el permiso de edición a los alumnos y ellos se apuntan. ¿Que es necesario compartir un documento y trabajar en grupo? Los propios alumnos hacen un doc con permiso de edición entre ellos.
¿Que hay que ver un vídeo y responder a unas preguntas? Empleamos EDpuzzle, que nos sirve para gestionar las respuestas, sistematizar las entregas e incorporar toda la información importante para el profesor.
¿Que debemos hacer actividades de repaso de contenidos? Pues utilizamos Socrative, Kahoot Challenge…
¿Que es necesario compartir un documento en la nube o cualquier otra cosa? Pues vía Drive, por ejemplo.
En resumen, no hicimos nada que no hubiéramos hecho durante el curso. La única diferencia es que yo no estaba presencialmente en clase. Esto, sin embargo, también se nota. Quiero decir que no es la situación ideal, claro, que no hay nada como el contacto cara a cara con los alumnos. Pero tampoco es necesario vernos todos los días. Hay algunas clases que, a toda costa, los mismos alumnos quieren hacer por Hangout cuanto antes para poder vernos, aunque sea por la pantalla del ordenador o del móvil.
Como profesor, pues, estaba y estoy tranquilo. Durante la pandemia, muchos colegas me escribieron contándome que, en medio de esta crisis, se sentían desbordados, con gran sensación de pérdida de control. Los he ayudado y sigo haciéndolo tanto como puedo. Pero me sabe mal decirles que si no han incorporado las herramientas digitales con tiempo, y como un hábito, difícilmente podrán implementarlas ahora, de repente.
En definitiva, las competencias digitales son hábitos. Y como todos los hábitos, requieren su tiempo. Es importante y mucho más eficaz aplicar el “despacito”, y crear unos buenos hábitos desde principio de curso, que pretender que, de repente, todos seamos unos expertos porque nos lo pide la urgencia del momento.